Terror gozoso (Shame)

5 Mar

El acto del amor es lo más parecido

a un asesinato.

En la cama, en su terror gozoso, se trata de borrar,

el alma del que está,

hombre o mujer,

debajo.

Por eso no miramos.

Eyacular es ensuciar el cuerpo

y penetrar es humillar con la

verga la

erección de otro yo.

Borrar o ser borrados, tanto da, pero

en un instante, irse,

dejarlo

una vez más

entre sus labios.

Necrofilia (Prosa) – Lepoldo María Panero.

SHAME

Dirigida por Steve McQueen. Escrita por Steve McQueen y Abi Morgan.

Nota: 8.

Brando va en el metro. Frente a él una hermosa mujer, que le sonríe. Él le devuelve la sonrisa. Ella se pone colorada; mira hacia otro lado, hasta que le vuelve a sonreír. Él sigue mirándola fijamente con la sonrisa en los labios. Ella enrojece. Conectan. Ella aparta la mirada un segundo. Él sigue mirándola. Ella se empieza a poner nerviosa. Él sigue mirándola. Ella se levanta para bajarse. Él se levanta para seguirla. Ella tiene miedo. Él se pega a ella. Ella sale corriendo del vagón. Él la persigue.

Eso es Shamela segunda película de Steve McQueen (no, no ha resucitado Bullit), que ya alcanzó notoriedad con su ópera prima, Hunter, también con Michael Fassbender como protagonista. El coguionista, Abi Morgan, ha escrito, entre otras cosas, la reciente La dama de hierro (bastante floja y aburrida, con un personaje principal que ni nos cae bien ni nos interesa en exceso) y la TV Movie Sex Traffic.

La película cuenta la historia de Brando (pletórico Michael Fassbender), un hombre obsesionado con el sexo y con experimentarlo, bien frente a la pantalla del ordenador, en la soledad del cuarto de baño de su empresa o con distintas mujeres de Manhattan; y la tormentosa relación que mantiene con su hermana (siempre bien Carey Mulligan), una cantante sentimentalmente inestable.

Shame tiene ante todo estilo, es seria, sin concesiones, turbia e inteligente. Su forma de enseñarnos que la adicción al sexo puede ser tan dura, insaciable y dolorosa como cualquier otra adicción; el momento en el que vemos al protagonista retorcerse en su apartamento, mientras su hermana hace el amor con otro tipo, como un adicto a la heroína con un cargamento de caballo en la habitación de al lado; o su incapacidad para relacionarse tanto sentimental como sexualmente con las mujeres que quiere, son momentos de gran y estimulante cine.

Vemos el dolor de Brando y nos turbia su caída a los infiernos, envuelto en una espiral que imposibilita cualquier atisbo de normalidad en su relación con la vida, con su hermana, o con cualquier mujer que de veras le importe.

Ahora bien, el camino que recorre la historia es bastante corto, sin apenas vericuetos. Vemos a un adicto al sexo camino de ser más adicto al sexo, con un exasperante esfuerzo por dominarse pero sin grandes estrategias para ponerse remedio (salvo un momento de la película en el que parece intentar hacer borrón y cuenta nueva). Tampoco vemos en él una preocupación excesiva por su hermana más allá de la que le provoca intentar no pasarse de la raya. Por ello, la película se ve aquejada de cierta frialdad; una falta de emoción que queda especialmente patente en un desenlace tan dramático como frío, distante, lejano.

El mejor rato: Toda la película está llena de estilo, inteligencia y sobriedad. Un ejemplo es la escena que he contado en el primer párrafo. En tres minutos sabemos perfectamente cómo es este tipo y qué problemas tiene.

El peor rato: La película es más turbadora que emocionante.

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