Tres tristes tetas (Luces Rojas)

20 Mar

Lori: Doug, cariño, no me harás daño, ¿verdad, amor? Vamos, sé razonable. Al fin y al cabo estamos casados. 

Doug Quaid: Considérate divorciada.

Diálogo de Desafío Total.

LUCES ROJAS

Escrita y dirigida por Rodrigo Cortés.

Nota: 4.

Imagina que quedas con una mujer el viernes y tus amigos durante toda la semana te dicen que ya verás, que es la bomba porque, como aquella mujer de Desafío Total que marcó nuestra niñez, la dama en cuestión tiene tres pechos (las chicas podéis pensar en otro ejemplo todavía más impactante). Llegas a la cita y ahí están, sí señor, tus amigos no mentían, tres preciosos senos. Pero una vez asumido lo increíble, hace falta algo más o si no el interés por la chica se pierde un poco. Buried lo tenía, Luces Rojas no. Perdónenme la estupidez. Me refiero a que la maestría con la que Buried se movía en un ataúd sin salir de él, aunque resultaba lo más interesante de la película, no era lo único. Sin embargo, el gran hallazgo de Luces Rojas (esta vez en su final, y tampoco es para tanto) es lo único destacable en una película vacía. La chica no tiene nada más que lo que ya suponíamos.

Es curioso, buscando fotos de Luces Rojas que poner en la cabecera, he encontrado más imágenes de Rodrigo Cortés que de la propia cinta. Sin duda, este director, tanto por su apabullante saber hacer detrás de las cámaras como por su personalidad (sus entrevistas son brillantes) ha conseguido ser un referente, una cara conocida, que no sólo domina las claves de cómo hacer películas sino de cómo venderlas (si lo primero es raro lo segundo es un milagro en nuestro cine). No he visto El Concursante, no me volvió tan loco como a otros Buried y no me ha gustado Luces Rojas y, sin embargo, creo que Rodrigo Cortés es un buen director, una voz original, una personalidad necesaria, un primera espada de esos que escasean en nuestro cine.

Luces Rojas es la historia de dos parapsicólogos (Cillian Murphy y Sigourney Weaber) que investigan, y consiguen desenmascarar, supuestos sucesos paranormales. Su gran caso, que aún no han conseguido resolver, es el de Simon Silver (Robert de Niro), un legendario e inquietante vidente y milagrero que es la sensación en el país.

La película empieza bien, con un prólogo que deja ver lo que será una constante: imagen potente, estilizada y contenida. Pero la cosa se deshincha rápidamente. Sobre todo porque se suceden, una tras otra, distintas escenas de información. Primero nos cuentan porqué el protagonista se dedica a desenmascarar estafas que se venden como fenómenos paranormales, luego porqué es tan importante todo esto para el personaje de la parapsicóloga, después enseñan cómo se puede hacer levitar una mesa con nuestras propias manos, le sigue una explicación entre las diferencias de lo paranormal y el burdo artificio y, en medio, una secuencia que muestra porqué el personaje de Robert de Niro ha alcanzado la fama. Es decir, salvo escasos momentos de acción (como el show de Leonardo Sbaraglia) nos aburrimos profundamente, y el enfrentamiento entre lo paranormal y lo real nos quita el sueño tanto como al Rey el paro juvenil.

Los personajes se angustian sin que sepamos muy bien porqué, y lo que ellos consideran tan importante, crucial, a nosotros no nos toca. No sabemos qué puede perder el protagonista si en vez de seguir con su obsesión se dedica a vivir la vida. Todo el primer acto (y, por tanto, el personaje de Sigourney) es innecesario y aburrido, carente de drama. La película coge algo de vuelvo cuando el protagonista empieza a investigar al prestidigitador pero la narración es confusa e intrascendente. La cinta consigue una atmósfera y un tono atractivo, pero no basta. Y ni siquiera el final es tan sorprendente, ni las tres tetas, esta vez, llaman tanto la atención.

Robert de Niro realiza la enésima parodia de sí mismo (me gustaría aprovechar para recomendar aquí, entre la marea de malas películas que ha hecho el mito De Niro, que nos duelen tanto como ver a un hijo nuestro aparecer en Callejeros, una pequeña cinta llamada Todos están bien que merece la pena salvar de la quema). Sigourney está tan cálida como siempre pero su personaje es vacío. El protagonista goza de un físico inquietante pero nunca consigue nuestro cariño ni nuestra identificación. De hecho, el personaje más poderoso de la película me parece el de Leonardo Sbaraglia, aunque no entiendo muy bien qué hace ahí ya que no cumple ninguna función en su desenlace. La historia de amor, con una cría que parece sacada de otra película, tampoco funciona.

Luces Rojas es, en fin, una muestra del saber rodar de este escritor, director y editor llamado Rodrigo Cortés, lamentablemente fallida. Aún así, siempre merece la pena ir a ver si acierta. Espero que vuelva a dar con la tecla la próxima vez, en su próximo desafío total.

El mejor rato: El prólogo, rodado con contención e interés, y el show de Sbaraglia.

El peor rato: Cuando te empiezas a dar cuenta de que estás viendo una película vacía.

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