Érase una vez un sindicalista (Las nieves del Kilimanjaro)

29 Jun

¿Dónde está la llave del futuro?
El miedo de no encontrarla,
el pánico me agarra.
Pero la llave está en nuestras manos,
estoy seguro.
Muchachos, gritar promesas
y no cumplirlas es una mierda.
A los demás engaña
nuestro propio tropezón.
A la izquierda, muchachos,
siempre a la izquierda,
pero no más a la izquierda
de vuestro corazón.

Extracto del poema La llave del comandante – Yevugeni Yevtushenko

LAS NIEVES DEL KILIMANJARO

Escrita y dirigida por Robert Guédiguian (inspirada en un poema de Víctor Hugo).

Nota: 6.5

Las nieves del Kilimanjaro es una película entretenida, sensible y recomendable, que se sigue con interés pero marcada por su fisionomía de fábula, de cuento bien intencionado, cerrado, acotado, adaptado a la idea que Guédiguian, tenía claro, quería contarnos.

El director francés narra la historia de Michel, un hombre de unos cincuenta años, sindicalista y honrado que es despedido de su trabajo. Comienza a llevar una vida tranquila y cómoda con su mujer e hijos, hasta que la violencia y la desesperación desbarajustan sus vidas y les hacen reflexionar sobre lo que soñaron ser y lo que se han convertido.

Sigo la primera media hora con interés, contemplando la apacible belleza de sus vidas, en una Marsella más tranquila que la que nos cuenta el estupendo Jean-Claude Izzo en sus novelas. A partir del primer y violento punto de giro me engancho definitivamente a la historia. A pesar de varios trucos demasiado forzados, me gusta mucho cómo los dos personajes (el verdugo y la víctima) se cruzan y cómo nos muestran la vida de ambos. Pero, poco a poco, el interés va disminuyendo a medida que la película olvida al atracador y se centra, exclusivamente, en el enorme corazón de los protagonistas. Hasta llegar a un final edulcorado, rígido, de cuento con final feliz.

Las nieves del Kilimanjaro me hace pensar en Another Year, la última cinta de Mike Leigh. Aunque sean películas distintas, ambas se centran en personas con fuertes ideas sociales pero acomodadas, progres de salón; pero mientras en la de Leigh hay crítica y audacia, en la de Guédiguian hay moraleja y fábula. Dos opciones distintas, igualmente válidas. Yo, personalmente, hace varios meses que vi Another Year y sigo pensando en su final; hace pocos días que vi Las nieves del Kilimanjaro, y me gustó, pero ya se me ha olvidado.

En la película, más allá de lo social, hay otra idea que brota como un hierbajo: la diferencia entre lo que quisimos ser, lo que planeamos, y lo que finalmente hemos conseguido, o aceptado. O más directamente, como dice Sabina versionando a Leonard Cohen:

Están en guerra la sota y el as;
el espejo y el disimulo.
El hospiciano, el niño de papá;
el Einstein y el tonto del culo.
Yahvé, Mefisto, Buda, Cristo, Alá;
las solteronas y los maridos.
Bin Laden, Che Guevara, Supermán;
lo que iba a ser, la mierda que ha sido.

El mejor rato: la primera hora y la utilización del cómic de Spiderman.

El peor rato: cierta rigidez constante en la película, sobre todo en la parte final.

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Una respuesta to “Érase una vez un sindicalista (Las nieves del Kilimanjaro)”

  1. snowboarder ed leigh septiembre 20, 2014 a 9:21 #

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