1911 (El árbol de la ciencia)

5 Jul

¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado.

Il Gattopardo – Giuseppe Tomasi di Lampedusa

Extracto de El árbol de la ciencia; escrito por Pío Baroja; publicado en 1911:

Las costumbres de Alcolea eran españolas puras; es decir, de un absurdo completo.

El pueblo no tenía el menor sentido social; las familias se metían en sus casas, como los trogloditas en su cueva. No había solidaridad; nadie sabía ni podía utilizar la fuerza de la socialización. Los hombres iban al trabajo y a veces al casino. Las mujeres no salían más que los domingos a misa.

Por falta de instinto colectivo el pueblo se había arruinado.

En la época del tratado de los vinos con Francia, todo el mundo, sin consultarse los unos a los otros, comenzó a cambiar el cultivo de sus campos, dejando el trigo y los cereales y poniendo viñedos; pronto el río de vino de Alcolea se convirtió en río de oro. En este momento de prosperidad, el pueblo se agrandó, se limpiaron las calles, se pusieron aceras, se instaló la luz eléctrica…; luego vino la terminación del tratado, y como nadie sentía la responsabilidad de representar el pueblo, a nadie se le ocurrió decir: cambiemos la riqueza producida por el vino en transformar la tierra paras las necesidades de hoy. Nada.

El pueblo aceptó la ruina con resignación.

– Antes éramos ricos -se dijo cada alcoleano-. Ahora seremos pobres. Es igual; viviremos peor, suprimiremos nuestras necesidades.

Aquel estoicismo acabó de hundir al pueblo.

Muchas veces a Hurtado le parecía que Alcolea era una ciudad en estado de sitio. El sitiador era la moral, la moral católica. Allí no había nada que no estuvuiese almacenado y recogido: las mujeres, en sus casas; el dinero, en las carpetas; el vino, en las tinajas.

[…]

Esta perfección se conseguía haciendo que el más inepto fuera el que gobernara. La ley de selección en pueblos como aquél se cumplía al revés. El cedazo iba separando el grano de la paja, luego se recogía la paja y se desperdiciaba el grano.

[…]

La política de Alcolea respondía perfectamente al estado de inercia y desconfianza del pueblo. Era una política de caciquismo, una lucha entre dos bandos contrarios, que se llamaban el de los Ratones y el de los Mochuelos; los Ratones eran liberales, y los Mochuelos conservadores.

[…]

Alcolea se había acostumbrado a los Mochuelos y a los Ratones, y los consideraba necesarios. Aquellos bandidos eran los sostenes de la sociedad; se repartían el botín; tenían unos para otros tabú especial, como el de los polinesios.

Andrés podría estudiar en Alcolea todas esas manifestaciones del arbol de la vida, y de la vida áspera manchega: la expansión del egoísmo, de la envidia, de la crueldad, del orgullo.

Andrés discutía muchas veces con su patrona. Ella no podía comprender que Hurtado afirmase que era mayor delito robar a la comunidad, al Ayuntamiento, al Estado, que robar a un particular. Ella decía que no; que defraudar a la comunidad no podía ser tanto como robar a una persona. En Alcolea casi todos los ricos defraudaban a la Hacienda, y no se les tenía por ladrones.

Andrés trataba de convencerla de que el deaño hecho con el robo a la comunidad era más grande que el producido contra el bolsillo de un particular; pero la Dorotea no se convencía.

– ¡Qué hermosa sería una revolución -decía Andrés a su patrona-, no una revolución de oradores y de miserables charlatanes, sino una revolución de verdad! Mochuelos y Ratones, colgados de los faroles, ya que aquí no hay árboles, y luego lo almacenado por la moral católica, sacarlo de sus rincones y echarlo a la calle: los hombres, las mujeres, el dinero, el vino; todo a la calle.

Dorotea se reía de estas ideas de su huésped, que le parecían absurdas.

Anuncios

5 comentarios to “1911 (El árbol de la ciencia)”

  1. plared julio 11, 2012 a 18:58 #

    Bastante mas actual este escrito de lo que deberia de ser. Los tiempos se transforman, parece, pero cambiar ..mas bien poco y esa revolución.. todavía por llegar. Saludos

    • Los mejores ratos julio 16, 2012 a 19:02 #

      En España 100 años no es nada, o es todo: nos ha dado tiempo a volver al mismo sitio. Esperemos que, al menos, ahora haya más gente consciente de la necesidad de cambiarlo todo.

  2. Pau julio 11, 2012 a 22:39 #

    Fantástico libro, hace tiempo que lo leí y no lo recuerdo a fondo. Pero sí que recuerdo que no deja títere con cabeza, se burla de los complejos de España de una manera magistral, arremetiendo contra todo lo que puede.

    EN cualquier caso, hace tiempo que vengo diciendo que “hay que empezar a cortar cabezas” y dejarnos de charlas y de quedarnos en casa.

    ¡Un saludo!

    • Los mejores ratos julio 12, 2012 a 14:59 #

      El libro es estupendo. Yo no lo había leído hasta ahora y me ha encantado. Qué difícil es escribir tan claro como lo hace Don Pío. Respecto a su análisis de España es increíble cómo han pasado 100 años y seguimos con los mismos problemas, exactamente igual. Seguramente estemos condenados al desastre.

      Hace falta salir a la calle y cortar cabezas, sí, pero también entender que todos tenemos que cambiar muchas cosas si queremos tener, algún día, un país distinto.

      ¡Saludos!

      • Pau julio 12, 2012 a 18:22 #

        Efectivamente, tenemos que cambiar muchas cosas para encontrar el norte. AUnque yo creo que aún no sabemos dónde anda la brújula.
        ¡Saludos!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: