¿Qué país queremos ser?

13 Jul

Ojalá puedan ver el amanecer después de esa larga noche. Yo, demasiado impaciente, me les adelanto.

Última línea de la nota de suicidio de Stefan Zweig.

Es complicado mirar hacia delante enfrentados al abismo. ¿Pero acaso no piensa más que nadie en el futuro el que está al borde de la muerte? Quien está en una camilla y teme que se acerque su hora, el que tumbado en la carretera piensa en los hijos que quizás no vea crecer, o alguien que viajando en una ambulancia repasa su vida concienzudamente para, acto seguido, prometer que hará todas esas cosas que no hizo, si Dios o la suerte o la pura naturaleza le dan otra oportunidad. Imagino, incluso, que el que está a punto del suicidio no puede evitar pensar cómo será mañana, ya sin él, pero con todo lo demás, que es mucho.

Cuando nos vamos a la cama nos prometemos que mañana será mejor, aunque vuelva a ser la misma mierda, pero quizás… quizás un día la cosa cambie y nuestros planes se cumplan o al menos se aproximen.

Sólo en el momento en que el jefe te llama a su despacho, cuando llega la hora bruja, cuando se percibe en nuestro rostro la risa del conejo, nos planteamos dónde queremos trabajar mañana, si es que nos dejan.

Qué claro se ve todo al borde de la muerte, los errores cometidos, el maldito tabaco o esa curva tomada a demasiada velocidad o si hubiera ido antes al médico; el número de políticos más alto por habitante, las vacaciones y fiestas del pueblo y días festivos, los cargos públicos, las duplicidades, el dinero despilfarrado, la avaricia, las preferentes, la mentira constante, la corrupción, la no aceptación de los hechos, la falta de democracia, el país de pandereta. Qué claros son los síntomas cuando ya han devorado al enfermo. Ahora ya sabemos que ese picor, esa tos al despertar, ese dolor seco en el costado no eran cualquier cosa. Por ello, lo primero es lo primero y hay que poner cura. Salir de este maldito hospital, aunque sea renqueantes, levantarnos del asfalto que ya quema, abandonar la ambulancia. Pero más vale ir pensando en el después. Y eso nos atañe a todos.

El futuro pasa sin duda por una regeneración de la clase política y por la dación en pago y por llevar ante la ley a los hijos de puta que siempre la esquivan y por todas esas cosas que harían de este sistema y este país algo mínimamente justo. Pero también pasa por nosotros. Por no caer en el cinismo; por confiar en la educación; por leer más y ver menos estupideces; por fomentar la cultura; por aprovechar nuestros museos; por invertir en investigación y desarrollo; por no disponer el prime time televisivo cuando el resto de Europa se va a la cama; por no salir de trabajar a las 8 de la tarde cuando hay suerte; por hablar y escribir con rigor; por escuchar a los expertos; por dejar de ser un estado policial; por dar una alternativa a los mineros y a todos los pueblos, que de algo tendrán que vivir; por las energías renovables, quizás, o por lo que sea en lo que podamos aportar algo; por mirar a cualquiera, trabaje en lo que trabaje, vote a quien vote, escriba donde escriba, lea el periódico que lea como un ciudadano más y no bajo el tontorrón e infantil prisma de los buenos y los malos; por respetar; por condenar cualquier acto de violencia; por no heredar las barricadas atávicas y trasnochadas que ya no nos corresponden; por intentar, al menos, que este país se convierta en un país serio de una vez por todas.

Ahora que el sol y playa y la construcción y la especulación y las subvenciones se agotan: ¿de qué vamos a vivir?, ¿cuáles serán nuestros puntos fuertes?, ¿qué valores consideraremos irrenunciables? Ahora que nos enfrentamos a unos recortes bestiales, quizá inevitables, miremos, aunque sea de reojo, a lo que nos espera mañana y respondamos, o al menos, planteemos una pregunta crucial: ¿qué país queremos ser?

Como en aquella preciosa escena de Carta a una desconocida (película dirigida por Max Ophüls, relato del genial Stefan Zweig), tenemos que  dibujar el paisaje que queremos ver por la ventanilla cuando salga el próximo tren. Aunque ahora toque mal dormir en la estación.

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2 comentarios to “¿Qué país queremos ser?”

  1. Alejandro GP julio 13, 2012 a 17:36 #

    Gran reflexión en voz alta, ¿Porqué lo vemos tan claro en el papel y luego no somos capaces de llevarlo a la práctica? Un abrazo.

    • Los mejores ratos julio 16, 2012 a 16:17 #

      Cambiar el chip de todo un país es complicadísimo y seguramente requiera “cienes y cienes” de años. Pero bueno, el primer paso es darnos cuenta de que necesitamos hacerlo. Todo huele a rancio, a trasnochado, a podrido.

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