Una buena película, una buena dosis (Cinco días sin Nora)

19 Jul

Gente nace y gente muere cada día,

los demás nos limitamos a estorbar;

y jugamos a secretos y mentiras.

Por favor, defíname la eternidad.

Secretos y mentiras – Nacho Vegas

CINCO DÍAS SIN NORA

Escrita y dirigida por Mariana Chenillo.

NOTA: 7

En estos días de verano los aficionados al cine acudimos a la salas como los yonquis a la calle en las épocas duras, de horas bajas: Colega, esto es una mierda, ¿dónde está lo que me dabas antes? Es lo que hay, tío, la calle está muy chunga.  Tenemos la opción, y a mitad de precio, de rescatar algo que nos perdimos durante el año, o algún reestreno de clásicos, o ciclos de Hawks o de Buñuel; pero si queremos sangre fresca, alguna historia nueva que llevarnos al cerebro, no encontraremos mucho. Al menos eso pensaba yo.

Fui a ver Cinco días sin  Nora con poca esperanza: a pesar de que había sido la gran película mexicana del año, lo poco que había leído sobre ella eran críticas tibias, y las pocas imágenes que había visto no me hacían presagiar una gran película. Pero la ópera prima de esta directora mexicana resultó ser una una cinta efectiva provista de un guión notable: una historia que se contempla tranquilo, con una sonrisa; liviana y profunda. Con sus defectos y limitaciones pero, sin duda, un buen chute para estos tiempos de abstinencia.

La película comienza con la muerte de Nora: se ha suicidado con tres botes de pastillas en el estómago y un plan en la cabeza: su exmarido deberá hacese encargo del entierro y desentrañar, poco a poco, sus misterios. Todo transcurre barnizado por una agradable comedia negra, sin prisa pero sin pausa y sin apenas salir de las cuatro paredes donde aún desncansa Nora. Los actores están todos bien. Yo, además de con el protagonista (Fernando Luján), me quedo con Fabiana (Angelina Peláez), natural y llena de vida.

Lo peor de todo fue mi sorpresa al comprobar que los cines Renoir habían adquirido uno de esos sistemas ultramodernos, a través de los cuales el espectador sufre reacciones físicas en su butaca: si en la pantalla llueve, te mojas; y si hay un pastel te alcanza su aroma. Así, como durante toda la película los protagonistas se mueren de frío al permanecer al lado de un refrigerador que detiene el deterioro de la finada; nosotros en la sala estábamos a punto de perecer congelados. Lo del aire acondicionado no tiene nombre. Puedo decir que el peor invierno de mi vida fue un verano en los Renoir. Los cinco infelices que veíamos la película nos mirábamos compartiendo la desgracia o arrimándonos a quien nos acompañaba, si tenías suerte.

Recordé la anécdota que contaba Garci: una vez, viendo una película en un cine (creo que en San Francisco) tenía tanto frío que salió a la calle, se compró un jersey a rombos y volvió a entrar a la sala.

Bueno, a lo que íbamos: la muerte de Nora hace que se reúnan, alrededor de su cuerpo sin vida, sus personas más cercanas: su exmarido, su hijo, su nuera, sus nietas, su médico, su chica de la casa; pero también su rabino y sus súbditos. Y es que una de las mayores bazas de la película es enseñarnos la comunidad  judía ultraorotodoxa en México. Nos muestra las constumbres de los haredim (ahora mismo envueltos en polémica por su posible entrada en el ejército israelí), sus poco éticas prácticas, el peso de los rabinos, en fin… un mundo que yo desconozco y que aparece real en la pantalla; se percibe que Mariana Chenillo sabe de lo que está hablando. La conclusión, tan evidente como cierta: que la religión da igual y que todos tenemos hambre, y que todos tenemos frío (que nos lo digan a nosotros que a esas alturas ya habíamos perdido un pie).

Lo que no acaba de funcionar son los flashbacks, ni visual ni (del todo) narrativamente. Nunca comprendemos muy bien quién era Nora, ni cuáles sus propósitos, aunque eso nos dé la posibilidad de imaginarlo nosotros mismos. Y tiene otro problema: a pesar de girar continuamente sobre la muerta no se aprecia el poso que dejará su ausencia en la familia, se crea un hermoso encaje de bolillos y de vida a su alrededor pero, al final y extrañamente, no acaba de formularse una reflexión sobre la muerte. También  puede molestar  la extrema facilidad con la que  el embrollo se desenlaza, o algún subrayado de más.

Son defectos que no impiden disfrutarla.

El mejor rato: el mundo ultraortodoxo judío.

El peor rato: los flashbacks, no llegar a conocer a Nora y la falta de reflexión sobre la muerte o la ausencia.

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5 comentarios to “Una buena película, una buena dosis (Cinco días sin Nora)”

  1. Marta julio 20, 2012 a 8:15 #

    La frase no es de Garci… la debe haber copiado de Mark Twain

    • Los mejores ratos julio 20, 2012 a 9:51 #

      Tienes razón, Marta, no es de Gaci; pero, al parecer, de Twain, tampoco. Cito de la wikipedia sobre San Francisco: La combinación del agua fría del océano y el calor de la península de California crea en la ciudad una característica niebla que puede cubrir la mitad occidental de la ciudad durante todo el día en primavera y principios de verano. De hecho, una cita atribuida incorrectamente a Mark Twain es “el invierno más frío que he pasado fue un verano en San Francisco”.

      Imagino que no se sabe a ciencia cierta quién lo dijo. He buscado la anécdota que contaba Garci (donde yo conocí la frase), a ver si me sacaba de dudas, y no la he encontrado. Creo que está en su libro Entrevistas, que no tengo aquí ahora mismo.

      Bueno, gracias por la aclaración y perdón por la metedura de pata. Ya está arreglado. (Dios me aleje de la imprenta.)

  2. Marta julio 20, 2012 a 10:18 #

    🙂 Gracias a ti también por la aclaración.
    Siempre pensé que la frase era realmente de Mark Twain.

  3. plared julio 26, 2012 a 22:41 #

    Mira, pues igual le hecho un vistazo. Hace tiempo que no veo nada mexicano decente. En cuanto a lo de los cine renoir, que recuerdos me traen, de cuando digamos que eramos mas jóvenes e ilusos. Eso de los cachivaches modernos que se supone que te hacen vivir la película, pues ni idea la verdad vivo anclado en el pasado creo….

    Aunque para ser sinceros hace un par de semanas, fui con mi hija a ver los vengadores en 3D. Y sinceramente alucine con el despliegue de efectos que se consigue. Nunca había visto ninguna e impresionado me quede. SAludos

    • Los mejores ratos julio 27, 2012 a 10:49 #

      Hola, Plared. Un placer como siempre leerte por aquí. Lo de el sistema ultramoderno de los Renoir lo he escrito de broma, el tema es que el aire acondicionado estaba en modo Groenlandia y hacía un frío de morirse. La película merece la pena echarle un vistazo, no es una obra maestra pero se ve con agrado.

      A mí lo del 3d, hasta el momento, no me ha gustado. La última que vi así fue la reposición de Titanic (sí, fui a verla, soy así de blandito) y me acabé quitando las gafas: prefería verla borrosa que en tres dimensiones.

      Pero bueno, quizás, en alguna película tenga su gracia.

      Un abrazo.

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