La tarde derrumbada (HOPPER)

1 Ago

Cómo vuelan las manos de tu cuerpo al piano, con ese mismo invierno que hiela las canciones, cuando la tarde cae derrumbada a los pies de la ciudad.

Quique González – Luis García Montero

Room in New York

HOPPER 

MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA

Tengo poca idea de pintura, por no decir ninguna. Pero tampoco sabía de chicas cuando la invité a salir. O de cine la noche que  vi Hook (El capitán garfio) en un cine de verano de Ferrol. Tampoco de fútbol cuando lloré con las ligas perdidas en Tenerife. Ni de literatura al leer las primeras líneas de Historias del Kronen: Me jode ir al Kronen los sábados por la tarde porque está siempre hasta el culo de gente. No hay ni una puta mesa libre y hace un calor insoportable; tumbado en la cama una noche de calor. No hizo falta. Tampoco lo ha hecho con Hopper. El gusto se educa; la emoción, nace.

La exposición de la obra de Edward Hopper (Nyack, 22 de julio de 1882 – Nueva York, 15 de mayo de 1967) se ha convertido en eso que llaman el acontecimiento cultural del verano. Pero que nadie se asuste, es sencillo acercarse a sus espacios amplios, a su mirada a América, la soledad y la firmeza. Y es que conversar con Hopper es hacerlo con un tipo al que le gusta el cine, que te habla de películas, no de bodegones; alguien más interesado en los hombres con sombrero que en las peras. Eso, quieras que no, de principio, ayuda. Son imágenes que ya has visto en movimiento. Su influencia y relación con el cine es un cruce de caminos, una carretera de doble sentido. Hopper, Hitchcock, Malick y Hawks están en el mismo bando, en el de la mirada dura, sin artificios, emocionante.

Pero los cuadros de Hopper van más allá de la imagen. Sus pinturas son preguntas a los ojos y respuestas fuera de campo. En un bosque cercano a un bloque de pisos, en un coche que aún no ha pasado por una gasolinera en mitad de la noche, en una mujer que en algún momento deberá quemar la agenda que está leyendo y tomar una decisión. Y después de esos momentos suspendidos la vida seguirá, como dicen Sabina, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

También lo hace cuando sales de los pasillos del Thyssen, con la misma sensación que cuando te sientas en una butaca de cine: en un lugar imprevisto has encontrado una casa.

House by the railroad. Utilizada por Hitchcock (en Psicosis), Malick (en Días del cielo) y George Stevens (en Gigante)

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