Si de verdad quieres: una pecera para dos tiburones

14 Oct

Dirigida por David Frankel. Escrita por Vanessa Taylor

Si de verdad quieres (Great Hope Springs) es una película pequeña con dos grandes actores. Superficial, ligera, bonita, plana y entretenida, se eleva un palmo del suelo cuando les dejan a ellos, Tommy Lee Jones, Meryl Streep, hacerse con la función sin estridencias ni grandes gestos, pero con toda una vida arrastrada a sus espaldas.

La nueva apuesta de David Frankel (director de El diablo viste de Prada) cuenta la historia (escrita por la guionista de televisión Vanessa Taylor) de un matrimonio mayor que ha perdido ya el contacto físico. Después de 30 años casados no pasan del beso en la mejilla, ni comparten cama, ni se ilusionan por nada. Pero ella no está dispuesta a permitir la extinción de su actividad sexual y, a pesar del constante refunfuñar de su marido, consigue que éste le acompañe a terapia matrimonial (insustancial Steve Carell sin una pizca de carne, mero pivote de los protagonistas, baremo de  sus transformaciones) en un último intento por recuperar lo que un día fueron.

Se agradece de entrada que la película trate con naturalidad y honestidad un asunto pocas veces visitado en el cine y en la vida: el sexo en edad madura, ese periodo de la existencia en que un Atlético de Madrid – Málaga te hace más ilusión que verle a tu mujer por enésima vez los pechos.

Como en cualquier comedia americana todo está perfectamente medido, arranca rápido y acaba pronto. La veo a gusto y no llego a caer en el pozo del aburrimiento. Pero todo me parece demasiado plano. Nadie dice nada que no espere. Desde nuestra posición medimos los pasos siguientes como si camináramos detrás de la película y viéramos sus huellas. Su humor me mantiene con una sonrisa, pero nunca llega a explotar del todo, a sacarme del cómodo territorio en el que ya estoy instalado. Por su parte, la música me estorba y aleja de lo único importante: el andar y la mirada de un hombre y una mujer empeñados en luchar contra el tiempo y sus condenas, que arrastran ya demasiado plomo en sus zapatos y, aún así,  se niegan a negarse la posibilidad real del amor, la complicidad y el deseo, como los únicos tres palos posibles de la felicidad. Meryl Streep está tan bien como siempre. Y qué decir de Tommy Lee Jones, un tipo de ley y un actor como la copa de un pino (y director de la estupenda Los tres entierros de Melquiades Estrada).

Todo lo bueno de la película está en su acertado y simpático final y todo lo malo en su absurdo, hortera e innecesario epílogo.

Si de verdad quieres es agradable y humana, pero sólo sus dos protagonistas la salvan de la mediocridad en algunos pasajes. Su problema no reside en lo que cuenta sino en lo que se calla, en la ausencia de intención, en su poca profundidad para escudriñar los debates que plantea (con el amor y el sexo como motores constantes de nuestras felicidades y nuestros desvelos).

Una bonita película que no ofrece más de lo esperado, que no se pregunta nada.

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