Looper: La caverna del espejo y los niños de Salinger

28 Oct

Escrita y dirigida por Ria Johnson

La tercera película de Ria Johnson (que debutó con la interesante aunque algo desparramada Brick) es atractiva, inteligente y divertida. Una de las grandes sorpresas del año y de las mejores películas de ciencia ficción de los últimos tiempos; aunque algún cabo suelto y una estructura demasiado partida impiden que termine de parecerme redonda.

La historia se sitúa en el año 2042. Una serie de tipos llamados loopers funcionan como asesinos a sueldo encargados de cepillarse a hombres que les envían desde el año 2072 (cuando la transición temporal ya está en auge) contratados por una mafia del futuro (dirigida  por Jeff Daniels) que encuentra de esta manera una fórmula perfecta para no dejar rastro de sus crímenes. Uno de estos loopers es Joe (Joseph Gordon-Levitt), un joven nihilista y sin un código moral demasiado férreo, marcado por el abandono materno. El problema es el siguiente: estos mafiosos del futuro también quieren eliminar a los loopers que trabajan a su cargo y, por tanto, les mandan al pasado para ser eliminados por ellos mismos. Es decir, nuestro protagonista, Joe, tendrá que cargarse a su yo del futuro (Bruce Willis), con una buena cantidad de lingotes de oro como recompensa. Ese es el trato que aceptan los loopers: se matan a sí mismos dentro de 30 años y, a cambio, ese tiempo que les queda lo pueden vivir con la hipoteca pagada y sin reparar en gastos. Es lo que llaman cerrar el bucle.

La película tiene dos partes bastante diferenciadas. La primera se ocupa de, como decía la poeta Anne Sexton, la caverna del espejo. Con una estética metálica y futurista, urbana, la película (aparte de la influencia clara de 12 Monos, Donnie Darko o Terminator) es un thriller con aroma noir y el tema del reflejo como subtexto. Además de divertir todo el rato, la trama da para momentos bastante bellos, como ese diálogo en la cafetería en el que el yo del presente le espeta a su desgraciado yo del futuro: ¿Por qué iba a pasarme a mí lo mismo que a ti? Esta es mi vida; no la tuya. En fin, otra vez, como decía Sabina, la lucha entre lo que iba a ser y la mierda que ha sido.

La segunda parte desvela de lo que realmente quiere hablar la película. Resulta que el futuro está gobernado por un fascista que en el presente es aún un niño. Se plantea un debate moral similar a este: si pudieras viajar en el tiempo a Linz, donde nació Hitler, y te pusieran delante a tres niños, dos inocentes y otro el futuro líder nazi, y no supieras quién es quién, ¿matarías a los tres? Aparte de esta enjundioso debate moral esta segunda parte tiene un aspecto casi de western, sustituyendo la ciudad por el campo, los grises por los ocres, en una de las tantas dicotomías de la película (presente/futuro, mirada/reflejo, frialdad/jazz).

Este asunto tiene un aire de cuento de Salinger. Uno de esos en los que aparece un niño (figura habitual en los relatos del mítico autor americano) incomprendido por casi todo el mundo adulto que le rodea, salvo por alguien que se toma la molestia de escucharle (estupenda Emily Blunt), de tenerle en cuenta, de tratarle con paciencia y cariño y conseguir, así, que sea un buen chico (podemos ver esta estructura en En el bote, donde -como aquí-, ese adulto es la madre; o en Teddy, en el que un niño con poderes -como aquí-, sólo es comprendido por un profesor de universidad).

Estas dos mitades no terminan de cohabitar con soltura. Creo que la segunda parte debería estar incubada en la primera de forma más clara. El único nexo es el protagonista y su trauma de abandono materno (él no tuvo a esa persona que le convenciera de que molaba más ser un buen tipo que un asesino a sueldo). Además, y sin entrar en la lógica interna de la película (esta claro que se le pueden buscar cosquillas a la compleja historia, pero no quiero pertenecer a ese grupo de espectadores a los que Hitchcock llamaba los verosímiles) hay algún cabo suelto. Creo que no está aprovechado del todo el personaje de la bella prostituta, más allá de la excusa bastante simplona de que vuelva a verla Bruce Willis. No sé muy bien porqué estudia francés Joe y para qué nos sirve. A su vez, hay tres historias de amor en la película pero ninguna llega a ser del todo emocionante.

En cualquier caso, Looper no sólo divierte durante su visionado, sino que deja poso; es la mejor película hasta la fecha de un director con estilo, talento, mirada y complejidad.

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2 comentarios to “Looper: La caverna del espejo y los niños de Salinger”

  1. David Orea Arribas octubre 28, 2012 a 17:18 #

    Evidentemente, como bien apuntas Rober, la película tiene cosas que pueden quedarse a medio camino. Válgame el símil ésta vez, parece una ristra de chorizo, dos partes con empaque unidas por un fino cordón, que, aún delgado, sostiene la película. Pero, así las cosas, me parece una obrita maestra. Al menos lo intenta. Opino que calla más de lo que dice, pero dice la verdad (otra vez con Joaquín). Un abrazo.

  2. Sergio Rico octubre 28, 2012 a 20:56 #

    Debí aceptar tu invitación de verla. Me arrepentiré lustros…

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